domingo, 11 de octubre de 2009

Canción contra el preconcepto (acompáñese con el debido gesto...)



Lo más contracultural, creo yo, es la voz angelical con la que manda al diablo a los cavernarios medioevales...

The lady is a tramp



Lily Allen en el Jools Annual Hootenanny, de diciembre de 2008, interpretando una de esas canciones que estamos acostumbrados a escuchar en la voz de Frank Sinatra. Ella canta como los dioses, si es que todavía no se han dado cuenta de ello...

martes, 7 de julio de 2009

Imelda May, otra grata sorpresa celta



Imelda May hace recordar con su nombre a Imelda Marcos, la esposa del ex dictador de Filipinas, que se jactaba de tener 3 mil pares de zapatos. Nuestra Imelda, la Imelda celta, es la nueva reina del rockabilly. Se crió en una casa no muy grande en Dublín, rodeada de hermanos varones. Y su jopo es tan freak como bella es su voz y su estampa. Leí por ahí (Wikipedia tiene que ser, dónde más...) que está casada con el guitarrista de su banda y que tiene dos hijos. Para variar, al igual que KT Tunstall, mi adorada cantante escocesa, el programa de Jools Holland fue su plataforma de lanzamiento a nivel mundial, sacándola del circuito de los pubs, donde hasta entonces circulaba. Tiene un bellísimo primer disco, que recomiendo con fervor: "Love Tattoo". Y no agrego nada más. Salvo, vayan y descúbranla...

sábado, 23 de mayo de 2009

Tiê: Nace una estrella....

Mi último descubrimiento. La escuché en la FNAC de Brasilia, en un recital gratuito de presentación de su primer disco, "Sweet Jardim", al que asistí junto a una de mis hijas. Una voz y una presencia para tener en cuenta dentro de la nueva música brasileña. Una bendita enfermedad que la recluyó en su casa por un largo tiempo la convirtió en compositora. Ahora, con la sola compañía de una guitarra y un tecladito electrónico, se lanzó con todo como cantautora, con el apoyo de, entre otros, el genial Toquinho. Parabens!, Tiê, con tu nombre de passarinho y tu ternura y calidez...Corran a comprarse el disco. De verdad, está muy bueno...



jueves, 21 de mayo de 2009

Manifiesto generacional, de Juan Manuel Roca, poeta colombiano

UNA GENERACIÓN

(Grabado en Mezzotinta)

De tanto agitar banderas se fueron volviendo

/harapos.

Muchos, como Eneas, íbamos con el padre a cuestas

En lucha con su sombra y su talante.

El fantasma que recorría el mundo

Se sentó a nuestra mesa y compartió

Un pan hecho con la levadura del sueño.

Recordábamos a Louise Michel,

Su manera de señalar que la misma madera

Sirve para fabricar toneles o cadalsos.

A cada tanto recibíamos noticias de Patmos:

Paisajes devastados y hombres desplazados,

Lejos del más allá de las ciudades.

Se fueron poblando de vacíos las mesas del café,

De herrumbre los cubiertos del ausente.

El oscuro garitero repartía un naipe negro

Y supimos que la muerte, como un corredor de fondo,

Entrenaba en los estadios nocturnos y vacíos.

Siempre hubo mujeres lavando el agua,




Despreciamos los pasos congelados de la estatuaria,

Los caballos de bronce y los poetas de mármol,

Las mutiladas Venus que desconocen el desperezo

/o el abrazo.

Una tertulia de sombras bebía el vino del destierro.

En ella estaban el que cerró la puerta,

El que fue mala noticia en una edición de la tarde,

El que jamás juró ser novio de la muerte.

A nosotros nos tocó aprender a nadar

/en un naufragio.



Para Iván Darío y Leopoldo.

* El autor es ganador del Premio Casa de América de Poesía 2009.

lunes, 27 de abril de 2009

Cebrían o el desafío de reinventar el periodismo


Cebrían


ANDRÉS RODRIGUEZ / DIEGO MARTIÍNEZ
27/04/2009 (Tomado de la versión española de la revista Esquire)

Juan Luís Cebrían lucha por reinventar PRISA en la España de la crisis y, de paso, el periodismo en la era digital. ¿Lo conseguirá? Esquire se lo pregunta en esta entrevista a fondo.



El número 32 de la Gran Vía madrileña es un monolito de poder con proa de transatlántico de hormigón y mascarón con angelote incluido. El edificio, vecino del imperio telefónico de César Alierta, albergó las primeras proyecciones del cine Imperial allá por 1935. Ahora emite señales de radio y consignas de izquierda civilizada. En el panel de mandos, Juan Luis Cebrián, Consejero Delegado del imperio Prisa, quien, a seis meses de cumplir los 65 tacos (tradicional edad de la jubilación), lucha por reinventar una “multinacional cotizada” 22 meses después de la muerte de Jesús de Polanco (para Cebrián, simplemente Jesús Polanco, sin la “de” de referencia). El vientre del edificio se accede por varios orificios (a Prisa no todo el mundo entra por el mismo sitio). El 32 bis es el de los miles de periodistas y ejecutivos que habitan y alimentan a la bestia a diario. Su mirada se cruza con las rebajas de las rebajas de uno de los hombres más ricos del mundo, Amancio Ortega, al que no sé si por cosas del destino o porque todo le importa un carallo, instaló hace años en las pantorrillas del imperio mediático un Lefties; una tienda de ropa con taras, vaya.

El reverso del búnker es su faz más divertida: putas de esquina en la calle Desengaño, yonkies manejados por dealers de patera, una parroquia de mirones entre sex-shops de neón y guardias jurado que vigilan la puerta de atrás, la de los mensakas ecuatorianos y periodistas más vivos que prefieren sortear paquetería a que los jefes controlen cuántas veces bajan a escaquearse con un café y un rubio. La entrada buena, la de los tornos pulidos, el 32 fetén (la otra no deja de ser un bis), es la que esquinea con Barco. La puerta de los ministros que madrugan para ronronear su voto en la Ser, los ejecutivos internacionales que –vestidos de Calvin Klein– cruzan el charco y camuflan su jet lag para discutir la venta de alguna emisora o periódico latinoamericano que las está pasando canutas. También es la puerta de las vendedoras chinas de bocatas que brofesión,tan como setas cuando cierra el McDonald’s, la de los miles que hicieron cola para descojonarse con Gomespuma en M80 o para sentarse como claque en El Larguero (rá-rá-rá). También fue la mía durante más de quince años.

Juan Luis Cebrián: el Consejero Delegado, el Fundador de El País, el académico de la Lengua, el amigo de Felipe González, el alter ego de Jesús de Polanco... El hombre que según los confidenciales de hoy lunes 2 de marzo [fecha de la entrevista] habría visto decrecer su patrimonio bursátil (1.200.000 acciones de Prisa) en unos veinte millones de euros [ese lunes la acción de la compañía rozaba los 0,98 céntimosy los miles de enemigos de la empresa agitaban sus machetes en los blogs y las tertulias al grito de: “¡La acción cotiza por debajo del precio del periódico! ¡Prisa se hunde!”]. Ahí es mi cita, sí señor. Seis pisos más arriba, con el hombre del momento. Un man at his best, como dice la leyenda de nuestra revista. Empieza la semana y –sobre Prisa y su consejo– cae según Internet (medio al que Cebrián dedicó uno de sus libros hace ya una década; La Red: Taurus, 1998) una tormenta tropical que no cesa. Pero Juan Luis está muy tranquilo. Tanto como para comenzar la semana recibiendo a un Esquire ibérico de apenas 20 meses de vida [unos días después, anunciará que Prisa ha renegociando su monumental deuda de 5.000 millones, apagando por un tiempo el gran problema financiero que les ahoga]. Para acceder a su despacho, como es lógico, tu nombre ha de estar en la lista. Eso te permite entrar sin identificación y también que alguien te acompañe al ascensor privado. Aunque me conocen en la puerta, nunca en la vida había recibido allí un trato tan atento (seguramente porque, en los 15 años que trabajé en Prisa, jamás pregunté por Juan Luis Cebrián en recepción). En los segundos que dura el ascenso directo hasta la sexta planta –no hay botones intermedios– no puedo dejar de preguntarme una cosa: “¿Por qué Cebrián nos concede una de sus escasísimas entrevistas? ¿Por qué ahora? ¿Por qué a Esquire?”. Y se me ocurre la respuesta más tonta del mundo: el día que nos dijo sí, en las marquesinas que jalonan la Gran Vía, Homer Simpson lucía orgulloso en nuestra portada de febrero, justo enfrente del despacho de Cebrián. Y a lo mejor él, como yo, es también devoto de Los Simpson (aunque no lo emita Cuatro y la familia de Bart trabaje para llenar los bolsillos de Robert Murdoch, en cuyo consejo de News Corporation está sentado Aznar). ¡Mosquis!

El jefe de mis ex jefes llega media hora tarde. Se disculpa nada más verme y, remangándose la camisa, me enseña un esparadrapo pegado al brazo. “He tenido que ir a sacarme sangre para un chequeo médico, lo siento”, se excusa. Pues nadie diría que lo necesita.Tiene un aspecto formidable. Parece diez años más joven de lo que lo es y el huracán que azota su empresa no se refleja en ninguna arruga de su cara. Recuerdo que, hace años, me lo encontré un día en el Ikea, con su familia, y otro con un chaquetón de lana a lo Starsky (el colega de Hutch) en la sesión nocturna del desaparecido cine Benlliure. Las otras decenas de veces que pude verle en actos del grupo no era para mí la misma persona que tengo ahora delante. Entonces era el CEO; hoy es J. L. Enciendo la grabadora.

ESQUIRE: ¿Te sientes aún periodista?
JUAN LUIS CEBRIÁN: Decía García Márquez que éste es el mejor oficio del mundo. Yo no sé si es tal cosa, pero –tras todos estos años– puedo decir que es un oficio que genera un enriquecimiento personal extraordinario. Estaría dispuesto a volver a empezar ahora mismo. He sido director, empresario y redactor jefe, pero te puedo asegurar que no hay nada como ser redactor, el rey de esta profesión. Ser un buen redactor de periódico –un redactor senior, como ahora se dice– es lo mejor que le puede pasar a uno en la vida.

ESQ: ¿Cómo ha afectado a tu vida personal este oficio?
JLC: Si lo ejerces con cierta pasión y dedicación, no tienes horas. Yo me divorcié poco después de comenzar El País y, aunque creo que hubo otras razones, muchos amigos me dijeron: “El País te ha costado un matrimonio”. Fueron momentos muy ajetreados los de la Transición. Prácticamente, vivía en la redacción. Pero también los médicos hacen guardias. Los periodistas tendemos a mitificar nuestra profesión porque nos conviene.

ESQ: ¿Algún secreto para no llevarse el negocio a casa?
JLC: Hablo de trabajo con mi familia más de lo que yo quisiera y menos de lo que quisiera mi mujer [Cebrián está casado en segundas nupcias con la también periodista Teresa Aranda, con la que tiene dos hijos]. Como es de la profesión, a ella le interesa mucho sacar sus propias opiniones de lo que está pasando. A veces hablo de trabajo con mis hijos [Eva, fruto de su primer matrimonio, es directora de programas en TVE], pero ya sólo tengo viviendo en casa a la pequeña, de 14 años, muy madura eso sí, y al chaval, de 19, que estudia en EE UU pero que viene con frecuencia. Hablamos mucho de periodismo en casa.

ESQ: Reconforta saber que este veneno infecta lo mismo a un Consejero Delegado que a un becario con ambiciones de plumilla...
JLC: Bueno, muchas veces me lo llevo y luego lo traigo al despacho sin abrir. El trabajo que yo tengo ahora es mucho más de teléfono. Con tantas empresas en América, la diferencia horaria también afecta, así que estoy pegado al teléfono incluso los fines de semana. El teléfono forma parte de mi vida...

El de su despacho, uno fijo, digital, de sobremesa, interrumpe la conversación. Me ofrezco a apagar la grabadora, quizá porque fantaseo que Carlos Slim –sobrevolando el golfo de México en el último modelo de Gulfstream– le está llamando para cerrar su entrada en Prisa (como hace semanas acaba de hacer en el New York Times). Pero Cebrián me hace un gesto indicándome que será sólo un momento. Así que curioseo su despacho, que no es del otro mundo. Estanterías y sofás, cientos de libros editados por la casa (y algunos otros que no) y un muro con televisiones Sony Trinitron 14 pulgadas que denotan que el poder de su habitante también es catódico. El damero de pantallas está apagado. En la sexta planta el silencio es también el protagonista. Si en Wall Street el poder es ruidoso, en el centro neurálgico de Prisa no se oye ni una mosca. Los Chillidas o los Equipo Crónica no gimen, testigos mudos de las decisiones. El estruendo vital de la Gran Vía se escucha al fondo, pero ahí abajo no hay poder. Sólo viandantes. Ciudadanos de a pie que compran (cada vez menos) El País o El Mundo, que escuchan la Ser o a Jiménez Losantos y que, a ratos –como tú, como yo, y supongo que como Cebrián–, simplemente pasan de todo. Cuelga el teléfono. Fin de las preguntas de calentamiento. Salto al vacío.

ESQ: ¿Has pensado alguna vez en abandonar el periodismo y dedicarte a la política?
JLC: [Largo silencio] No. He tenido propuestas, pero siempre he pensado que la política, que me ha gustado y me gusta mucho, la ejercería mejor de manera más independiente.

ESQ: ¿Qué tipo de propuestas? Supongo que desde la izquierda...
JLC: No te creas, tampoco han sido muy insistentes. Quizá porque sabían que no me iba nada en ello. He tenido, a veces, tentaciones de retirarme para dedicarme exclusivamente a escribir, pero las obligaciones familiares y las responsabilidades me lo han impedido. Aunque no sé si estas responsabilidades eran más bien excusas que me daba para no hacerlo.

ESQ: ¿Es cierto que intentaste contratar a Pedro J. Ramírez?
JLC: Sí, completamente cierto, pero no para que trabajara en El País, sino para dirigiera una revista que hicimos que se llamó El Globo.

ESQ: Cuesta trabajo imaginarse a Pedro J. trabajando para Polanco con Cebrián de interlocutor... ¿Estuvo contratado?
JLC: Llegó a decir que sí. Habló mucho conmigo para que sustituyese a Eduardo San Martín, porque la revista no funcionaba. Le llevé a ver a Polanco. Pero no le acompañé, quería ver con él algunos términos de su contrato, aspectos económicos que había perfilado conmigo pero que no habíamos detallado. Al cabo de unos días llamó para echarse atrás, fruto de una conversación que había tenido con Juan Tomás de Salas.

Llego a una de las encrucijadas de la entrevista. La sensación de que las dos Españas perviven encarnadas en El País (con una difusión de 430.177 ejemplares en febrero según la OJD) y en el El Mundo (326.856 ejemplares); en Cebrián (134.000 resultados en Google) y en Pedro J. (296.000 resultados). El Consejero Delegado no se arruga ante el envite.

JLC: Puede parecer arrogante, pero yo creo que El Mundo no es más competidor de El País en los quioscos que cualquier otro periódico de la mañana. El Mundo no responde a una concepción de la convivencia ni de la vida. Responde a toda clase de oportunismos constantes y ése es uno de los problemas que tiene. El País responde a una concepción de la profesión muy definida. Tiene unos principios editoriales e internacionales que te pueden gustar o no, pero que son muy estrictos. Eso es lo que nos ha dado coherencia todo este tiempo.

ESQ: ¿Es Pedro J. un buen periodista?
JLC: Ha sido y es un periodista excelente; víctima de sus propias virtudes, eso sí.

ESQ: ¿Habría sobrevivido en Prisa?
JLC: Si hubiera trabajado con nosotros, habría habido detrás una empresa y un colectivo profesional que hubiera potenciado sus virtudes y limitado sus defectos.

Al currículo de Juan Luis Cebrián el tamaño A4 se le queda más bien pequeño, pero lo que más llama la atención son sus últimos años, los de más éxito, cuando se dedica en cuerpo y alma a la empresa familiar fundada por Jesús de Polanco, su mentor y medici. Él, sin embargo, no comparte esta idea.

JLC: Éste es un gran equívoco. Prisa nunca ha sido una empresa familiar. El País fue la convergencia de muchas sensibilidades y personas que se juntaron para fundar un periódico. A mí no me contrató una familia sino un grupo de empresarios e intelectuales . En ese momento, Jesús Polanco (veis cómo nunca utiliza el de Polanco) no tenía más de un 7% de la empresa. Luego, cuando salimos a Bolsa, Prisa compró Santillana, que era la empresa familiar de Polanco; y a partir de ahí sí hubo más presencia accionarial y una mayor cultura empresarial. Pero cuidado, Jesús nunca contempló Prisa como una empresa familiar.

ESQ: Sin embargo, en cierto modo, su dirección sí que fue familiar, ¿no?
JLC: Bueno, mantuvo cierta estabilidad y coherencia en la editorial de los medios, y rotó poco a los ejecutivos; aunque eso no es siempre bueno. Fue muy cuidadoso a la hora de mezclar familia y negocios, sólo en casos imprescindibles. Antes de morir, me enseñó unos papeles que había escrito antes de montar Santillana, con veintitantos años. Decían: “No mezclar las cuentas de la empresa con las de la familia”. En Prisa, hablamos más bien de familia empleada, que incluye a los Polanco, a socios, amigos, ejecutivos...

ESQ: ¿Y la parte mala de esta manera de gestionar? Siempre hay una parte mala...
JLC: Claramente, las dificultades a la hora de afrontar un cambio. Y ahora nos enfrentamos a uno. Y digo “nos”, porque tanto Ignacio Polanco [el hijo mayor de Jesús de Polanco, su sucesor en la dirección de Prisa] como yo debemos cambiar la cultura de esta empresa, manteniendo como referencia a la familia, pero incrementando la idea de multinacional cotizada, que es lo que verdaderamente somos.

ESQ: ¿Por qué funcionó tan bien el tándem Jesús Polanco - Juan Luis Cebrián?
JLC: Éramos muy complementarios. Me llevaba 15 años de diferencia; él era un niño de la guerra y yo uno de la posguerra, casi como un hermano mayor. Teníamos amigos comunes y habilidades distintas, una visión de la vida bastante pragmática. Fuimos muy leales el uno con el otro. La lealtad se funda en la confianza mutua, es un viaje de ida y vuelta.

ESQ: ¿Cambió vuestra relación al final?
JLC: Más bien al contrario. En los últimos años, se estableció entre nosotros una relación muy intensa. Al final, era la persona con la que más hablaba. Nos lo contábamos absolutamente todo. Fue una amistad, no sólo personal, sino también intelectual, profesional y personal. Muy, muy cómplice.

En el tono de sus palabras, interrumpidas por varios movimientos de sofá que aportarían mucha información a un catedrático de comunicación no verbal, parece echar de menos al compañero, al confidente y al patrón. Pero no sólo Polanco se ha ido en estos años. Por El País han pasado varios directores (Joaquín Estefanía, Jesús Ceberio –ambos aún en la casa– y Javier Moreno, el actual), sin embargo aún hay quien piensa que es Cebrián quien realmente dicta las líneas del diario.

ESQ: ¿Miras la primera página de El País antes de que se imprima?
JLC: No, lo leo por Internet a lo largo del día, cuando ya está impreso. Eso sí, hablo a menudo con Javier Moreno, pero no interfiero. Él es el director del periódico.

ESQ: ¿No se te va el lápiz?
JLC: Tengo manía profesional y capto erratas. Me digo: “Tengo que decirles que este artículo está lleno de faltas”. Pero no llamo... ¡Hombre, si veo algo muy grave!

ESQ: ¿Puedo leerte un post de Martín Varsavsky, es emprendedor, bloguero y vecino tuyo [aparece en este número, pág. 108]? Dice así: “¿Por qué cuando ‘El País’ escribe sobre Juan Luis Cebrián no aclara que además de ser “académico español” es también accionista de Prisa? Creo que es un error no comentar estos vínculos de gestión y accionariado que existen (...). Creo que es un logro especialmente único de Juan Luis Cebrián combinar dotes de académico, escritor, periodista, ejecutivo y empresario pero también opino que puede ser difícil para una periodista como Bárbara Celis escribir sobre su superior de una manera objetiva (...). Creo que ya es hora de que todos los medios españoles cuenten en cada artículo si sus empresas tienen intereses económicos o de cualquier tipo sobre el tema tratado en la noticia. Cumpliendo estas reglas las noticias serán simplemente… más noticia y los medios españoles más creíbles. P. D: Se me olvidaba aclarar que Juan Luis Cebrián es mi vecino y cuando le veo tenemos conversaciones muy interesantes”.
JLC: [sin un ápice de resquemor ante las impertinencias del vecino de la Moraleja] Tengo menos del uno por cierto de la compañía, tengo el 0,75% o el 0,80%. Pero no me parece mal lo que dice. Es verdad que somos vecinos. Tengo buena relación con él.

Por fin llegamos al tema. Al asunto que a todos asusta: la crisis del papel...

ESQ: ¿Qué va a pasar con los diarios? ¿Existirán en el futuro tal y como los conocemos?
JLC: Hay una falta de reflexión tremenda respecto a este tema. Los grandes imperios mediáticos como Hearst, el New York Times o el propio Prisa se crearon en los siglos XIX y XX a partir de periódicos, en torno a la Revolución Industrial y a la democracia representativa, formando parte de ese poder. Nunca se sintieron amenazados por la aparición de nuevos medios. Ése no es el problema.

ESQ: ¿Y cuál es entonces?
JLC: El cambio fundamental está en que los diarios se sustentan en un sistema del siglo pasado: la economía de oferta; y la era digital trae una economía de demanda. Estamos en un momento en el que la intermediación, que es lo que caracteriza a la democracia representativa, está desapareciendo. Y los periodistas, que somos intermediarios entre lo que pasa y los que demandan información, estamos viendo cómo son los demás, los no periodistas, los que
cuentan lo que les pasa sin ningún tipo de intermediario. Y como no sabemos qué hacer, le echamos la culpa al soporte, a ese viejo papel de periódico que servía para envolver plátanos en la frutería.

ESQ: ¿Utilizas Google? ¿Te fías de él?
JLC: El primer vehículo transmisor de noticias en el mundo actual –o el segundo, me da igual– es Google News, un sitio donde la jerarquía de las noticias no viene marcada por su importancia o por su análisis sino por el número de veces que a alguien le interesa. La selección de noticias de la primera página de Google News la hace una máquina no un periodista. A partir de ese momento, todo está boca abajo.

ESQ: ¿Y la Wikipedia?
JLC: Es un fenómeno social extraordinario. Tenemos la Enciclopedia Británica al completo, con toda su solvencia, disponible en la Red, pero los jóvenes prefieren buscar en la Wikipedia. Y no entendemos por qué. Así que ni los profesionales ni los empresarios sabemos qué va pasar. Los optimistas dicen que siempre habrá periódicos. No lo tengo yo tan claro. Lo que sí habrá es periodistas, gente que nos interprete la realidad.

Q: ¿Pero realmente hay un modelo de negocio en Internet? ¿Se puede ganar dinero?
JLC: Se sabe cómo ganar, y hay algunos que lo hacen, pero los márgenes son muy inferiores; y ése es el drama. Un site informativo de éxito en Internet tiene márgenes de explotación del 4%. Un periódico o una radio tiene un margen del 25% o del 30%. Es imposible competir, pagar bien la mano de obra intelectual, enviar corresponsales... Todos los modelos están montados respecto a un sistema del pasado. Vivimos un cambio de modelo, no una crisis. Y eso que estamos en la prehistoria de Internet. Supongo que cuando se inventó la imprenta pasó algo parecido. Dijeron que era algo demoníaco. Lo primero que se editaron fueron Biblias, pero enseguida se imprimieron sonetos eróticos y pornográficos.

La conversación cambia de rumbo. Juan Luis recuerda sus raíces. Hablamos de su padre.

“En el año 51, hizo un viaje a Tánger y trajo una serie de regalos”, me explica. “En la España de entonces no había absolutamente nada. Una de las cosas la encerró con llave y nos prohibió tocarla a los niños. Era un rollo de papel celo. ¡No conocíamos ni el papel engomado! Y eso que pertenecía a una clase media, relativamente acomodada, que no tenía ni un duro, por otro lado. Una familia de vencedores”.

ESQ: Alguna vez tuve la ocasión de almorzar con tu padre, ya jubilado. Le gustaba moverse por los corrillos del oficio...
JLC: [sonríe] Piensa que yo, de pequeño, correteaba por la redacción del diario Arriba. Y tanto allí, como en una imprenta en la que trabajaba mi padre como comercial, tuve relación enseguida con los talleres gráficos y las cajas con linotipias. En el colegio, con 7 u 8 años, ya participaba en las hojas morales que se hacían en clase. Y con 12, ya hacíamos un periódico en una especie de máquinas multicopista que se llamaban vietnamitas. Funcionaban con unos papeles raros que olían a trementina. En El Pilar, donde estudié, llegué a montar una revista de la congregación mariana que se llamaba Hosanna.

ESQ: Te llegó la vocación muy joven...
JLC: ¡Déjate! La vocación son las circunstancias. Yo, por ejemplo, de pequeño, creía que tenía vocación de cura. Era como una llamada de ultratumba, del Cielo.

ESQ: ¡Qué me dices! ¡Cebrián sacerdote!
JLC: Incluso pensé en ordenarme. Por eso estudié Filosofía, que entonces era lo que estudiaban los curas. Acabé muy temprano porque iba adelantado, no había cumplido ni 16 años cuando entré en la Universidad. Yo ya le había planteado a mis padres que quería ser sacerdote y me dijeron que bien, pero que antes hiciera una carrera universitaria. Así que estudié Filosofía y Periodismo para ganar tiempo. Al final, en la Universidad, empecé a hacer revistas y acabé participando en la fundación de Cuadernos para el diálogo.

A Cebrián le gusta recordar los viejos tiempos, años en los que profesión y sociedad aún se mezclaban como las callejas gremiales en las ciudades medievales. “Mi tío Javier de Echarri era director del Arriba, porque mi padre, de profesión era médico, igual que mi abuelo. Tenía por cierto una moto a medias con Vázquez de Prada, otro periodista del Arriba, eran unas motos españolas que se llamaba Soriano, muy bajitas, como de juguete; uno la usaba los días pares y otros en impares…”. Llueven datos, anécdotas y nombres en una conversación que ya supera las dos horas. Ángel Prada, padre de Vázquez de Prada, Julio Fuentes, el fotógrafo Gerardo Contreras… Aprovecho para meter a Emilio Romero, cuya figura recuerdo en la mancheta del viejo vespertino Pueblo que mi abuela compraba por la tarde, donde leí las primeras crónicas de las caras de Bélmez.

JLC: Yo entro en Pueblo en el 62, con 17 años. En verano. Tenía que hacer las prácticas de segundo año. Mi padre llamó a Emilio Romero y le pidió que me dejase hacerlas allí. Él ya era un personaje mítico, se llevaba muy mal con mi padre, pero por encima de rencillas eran colegas. Romero ya era entonces un personaje muy discutido, había tenido un problema judicial después de la guerra porque había hecho extraperlo con unas sábanas de unos pisos… una cosa muy cutre. Era un hombre que tenía una vida personal muy atribulada y eso generaba endivias. Cuando monté El País, Romero quiso escribir en el periódico. Y yo, incluso en contra la opinión de Jesús Polanco, que en eso me dejaba hacer, le hice hueco. Quería una columna diaria, pero le puse dos artículos al mes. Luego montó El Imparcial, que fracasó… Por cierto [se detiene un rato], ¿sabes que yo estuve a punto de traer Esquire a España?

ESQ: ¿Y eso?
JLC: Fue hace muchos años, tenía una secretaria americana y solía traer la revista de Nueva York... Buenos tiempos, gran revista.

ESQ: ¿Por qué no cuentas todas estas cosas en un blog? Es lo que hace todo el mundo...
JLC: Lo he pensado, pero tengo un problema de tiempo y disciplina. Además, siento demasiado la responsabilidad del puesto que desempeño a la hora de emitir opiniones.

ESQ: ¿Cuándo dejaste de pensar en noticias para pensar en números?
JLC: Nunca he dejado de pensar en las noticias, ni en su interpretación. Lo que pasa es que ya tienen poca relación con los periódicos. Por desgracia, lo noticioso tiene ahora mucho más que ver con teléfonos móviles y descargas que con los diarios.

El signo de los tiempos, que cantaba Prince.

Lecturas complementarias: En esto creo de Pedro J. Ramírez (‘Esquire’, número 11, septiembre de 2008, página 54).

domingo, 26 de abril de 2009

Pink Floyd con mariachi....

"Calexico es un grupo estadounidense de indie y americana originario de Tucson, Arizona. Sus dos líderes, Joey Burns (voz y guitarra) y John Convertino (batería) comenzaron a tocar juntos en la banda angelina Giant Sand antes de fundar Calexico. El grupo se caracteriza por incorporar en su sonido una ecléctica variedad de música, destacando el folk del suroeste de Estados Unidos y del norte de México combinado con rock independiente. Calexico suena a Pink Floyd con mariachi (según el reconocido critico de Arte "Luis Lombardo"). (...)Su quinto trabajo oficial, Garden Ruin (2006) evidenció una vuelta a la americana de sus primeros trabajos, dando menos importancia a los instrumentos de viento y centrándose más en la parte vocal y las guitarras. También sería con diferencia su álbum más político, criticando en él la tragedia de la guerra y el patriotismo ciego de algunos sectores de su país. En la canción Roka contaron con la participación de la cantante granadina Amparanoia, quien ya les había acompañado en sus giras como corista". (Tomado de la Wikipedia)

Crystal Frontier, de Calexico, o la imparable fuerza del mestizaje

Alone again or (más de Calexico, gringos con aires e influencias mexicanas)

Cruel (Calexico), del álbum Garden Ruins

jueves, 29 de enero de 2009

Más Calexico...



La música que calza bien con los inhóspitos y salvajes parajes de "No es lugar para débiles" y "2666"...

Calexico: Two Silver Trees



Estos gringos, de la zona fronteriza con México, son espectaculares. Tienen una canción dedicada a Víctor Jara, y no se parecen a ninguna otra banda norteamericana que yo al menos conozca. Salvo en los guiños a Dylan y al difunto pero nunca olvidado Elliott Smith. A parar la oreja con ellos, que darán mucho que hablar...

viernes, 23 de enero de 2009

El futuro del periodismo está en los blogs

Así lo afirma, de alguna manera, este artículo del NYT, reproducido por O Estado de São Paulo. Está en portugués, pero me parece que se entiende claramente...


Blogs se tornam jornal impresso nos EUA

Claire Cain Miller, The New York Times
Em meio ao alvoroço dos pessimistas, que insistem que os jornais estão à beira da morte, uma nova empresa pretende abrir dezenas de novos - com uma mudança. O Printed Blog, novo jornal de Chicago, será feito com postagens retiradas diretamente de blogs na internet, terá anúncios locais e será distribuído gratuitamente.

As primeiras edições deste jornal gratuito da era da internet devem aparecer em Chicago e San Francisco na terça-feira. De início, serão edições semanais, mas Joshua Karp, fundador e editor, espera, mais tarde, que o Printed Blog saia duas vezes por dia em muitas cidades dos Estados Unidos.

"Vamos tentar ser o primeiro jornal diário feito inteiramente de blogs ou outro conteúdo gerado pelos usuários", disse. "Há tantas técnicas que funcionam online que achei que, talvez, poderia aplicar no jornal impresso". À medida que os jornais pagos perdem leitores para a internet, onde podem ler os mesmos artigos sem nenhum custo, muitos jornais gratuitos conseguiram se manter.

"Trabalhar com o jornal gratuito ainda é bastante viável", disse David Cohen, fundador do Silicon Valley Community Newspapers, grupo de jornais semanais distribuídos gratuitamente no sul de San Francisco, vendido para o grupo Knight Rider em 2005 e hoje propriedade da Media News. "Existe uma enorme faixa de leitores que quer saber das notícias locais, e as empresas locais tendem a aumentar sua publicidade nos períodos ruins porque precisam chamar a atenção das pessoas".

Mas Karp não precisa olhar muito à frente para ver as dificuldades para ser ter sucesso na atividade jornalística nos dias atuais. A Tribune Co., que edita o Chicago Tribune e um diário grátis, o Red Eye, entrou com pedido de recuperação judicial em dezembro.

Karp está apostando que vai ter sucesso combinando o melhor que existe do modelo impresso e do modelo online. O Printed Blog vai publicar postagens de blogs ao lado de outros conteúdos típicos da internet, como comentários de leitores e fotos oferecidas pelos usuários. O jornal será impresso, a princípio, quatro páginas de 28cm X 43 cm, em papel branco, e desenhado como um blog, em vez de em colunas.

domingo, 5 de octubre de 2008

La mejor explicación sobre la crisis económica




Hay una versión con subtítulos en español en la siguiente dirección de Internet:



http://www.dailymotion.com/swf/k2GEzYKbv1P6IUHSpY

miércoles, 20 de agosto de 2008

Sólo para románticos inveterados



Una bella canción de Josh Rouse, "Sad eyes" que sirvió de fondo musical para el clip de House y su amada, interpretada por la actriz Sela Ward, si no me traiciona la memoria.

domingo, 1 de junio de 2008

Billy Bragg, rebelde con causa



Por estos días, Billy Bragg debe andar en gira por Estados Unidos, presentando su onceavo disco "Mr. Love & Justice". Bragg, nacido en Barking, Essex-Inglaterra el 20 de diciembre de 1957, es un cantautor que no rehúye el compromiso político y está muy vinculado a la izquierda y el movimiento obrero de su país. Dice estar arrepentido de haber votado a Tony Blair, que llevó a Gran Bretaña al pantano iraquí, pero bueno, ni modo... Fue influenciado por el punk rock (en especial, el de The Clash), pero sobre todo por Woody Guthrie, el libertario cantante de protesta estadounidense que fue el padre musical de Bob Dylan, Joan Báez y otros exponentes del universo beatnik-hippie.

Mi venerada K. T. Tunstall dijo de Bragg: “Desearía que fuese mi profesor de historia o mi hermano mayor, y me gustaría votar por él”. Pero no sólo es un referente indispensable para ella: también lo es para Jamie T, Kate Nash o The Enemy.

"Alumno confeso de Dylan y The Clash, y revival del punk de un solo hombre cuando subió a los escenarios acompañado sólo por su guitarra eléctrica a mediados de los ochenta, Bragg reapareció a fines de los noventa en el radar del negocio musical como un nuevo Woody Guthrie cuando se reunió con el grupo norteamericano Wilco para los dos volúmenes de Mermaid Avenue, donde musicalizaron letras olvidadas del legendario cantante".

La cita es de un artículo de Martín Pérez (Radar), alusivo a este contestatario songwriter, quien también se ha unido a intérpretes como Corey Harris y Natalie Merchant. "Inesperado éxito de crítica y ventas -añade Pérez-, aquellos discos terminaron de dar forma a la figura actual de Bragg, que en los últimos años se ha dedicado a cantar en contra de la administración Bush (distribuyendo gratuitamente online el tema “The Price of Oil”, en contra de la guerra de Irak), escribió un libro contra los neonacionalistas británicos (titulado The Progressive Patriot) y hasta lideró una efectiva rebelión contra MySpace, que hizo que el site reconociese sin reparos los derechos de autor de los artistas que postean allí".

“Ahora que estoy a punto de cumplir 50 años, creo que lo único que me pregunto es si podré seguir haciéndolo hasta cumplir 60. Y por ahora creo que lo haré”, declaró recientemente.

¡Bien por este "héroe de la clase trabajadora" (Lennon dixit) que mantiene viva la tradición de los trovadores y juglares que le arruinan la digestión a los poderosos con sus reflexiones ácidas y mordaces!

(El video de You Tube fue grabado en el "Late Late Show" con Craig Ferguson, y en la letra de este tema, "Waiting For The Great Leap Forward" aparecen American Idol, la Unión Soviética, Donald Rumsfeld y los daños colaterales. Una buena muestra de su corrosiva lírica)

domingo, 27 de abril de 2008

Juan Gelman y los territorios del asombro


Texto íntegro del discurso de Juan Gelman en la entrega del Premio Cervantes:

Majestades, Señor Presidente del Gobierno, Señor Ministro de Cultura, Señor Rector de la Universidad de Alcalá de Henares, autoridades estatales, autonómicas, locales y académicas, amigas, amigos, señoras y señores:

Deseo, ante todo, expresar mi agradecimiento al jurado del Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, a la alta investidura que lo patrocina y a las instituciones que hacen posible esta honrosísima distinción, la más preciada de la lengua, que hoy se me otorga. Mi gratitud es profunda y desborda lo meramente personal. En el año 2006 se galardonó con este Premio al gran poeta español Antonio Gamoneda y en el 2007 lo recibe también un poeta, esta vez de Iberoamérica. Se premia a la poesía entonces, “que es como una doncella tierna y de poca edad y en todo extremo hermosa” para don Quijote, doncella que, dice Cervantes en “Viaje del Parnaso”,
“puede pintar en la mitad del día
la noche, y en la noche más escura
el alba bella que las perlas cría...
Es de ingenio tan vivo y admirable
que a veces toca en puntos que suspenden,
por tener no se qué de inescrutable”.

A la poesía hoy se premia, como fuera premiada ayer y aun antes en este histórico Paraninfo donde voces muy altas resuenan todavía. Y es algo verdaderamente admirable en estos “Dürftiger Zeite”, estos tiempos mezquinos, estos tiempos de penuria, como los calificaba Hölderlin preguntándose “Wozu Dichter”, para qué poetas. ¿Qué hubiera dicho hoy, en un mundo en el que cada tres segundos y medio un niño menor de cinco años muere de enfermedades curables, de hambre, de pobreza? Me pregunto cuántos habrán fallecido desde que comencé a decir estas palabras. Pero ahí está la poesía: de pie contra la muerte.

Safo habló del bello huerto en el que “un agua fresca rumorea entre las ramas de los manzanos, todo el lugar sombreado por las rosas y del ramaje tembloroso el sueño descendía”, Mallarmé conoció la desnudez de los sueños dispersos, Santa Teresa recogía las imágenes y los fantasmas de los objetos que mueven apetitos, San Juan bebió el vino de amor que sólo una copa sirve, Cavalcanti vio a la mujer que hacía temblar de claridad el aire, Hildegarda de Bingen lloró las suaves lágrimas de la compunción, y tanta belleza cargada de más vida causa el temblor de todo el ser. ¿No será la palabra poética el sueño de otro sueño?

Santa Teresa y San Juan de la Cruz tuvieron para mí un significado muy particular en el exilio al que me condenó la dictadura militar argentina. Su lectura desde otro lugar me reunió con lo que yo mismo sentía, es decir, la presencia ausente de lo amado, Dios para ellos, el país del que fui expulsado para mí. Y cuánta compañía de imposible me brindaron. Ese es un destino “que no es sino morir muchas veces”, comprobaba Teresa de Avila. Y yo moría muchas veces y más con cada noticia de un amigo o compañero asesinado o desaparecido que agrandaba la pérdida de lo amado. La dictadura militar argentina desapareció a 30.000 personas y cabe señalar que la palabra “desaparecido” es una sola, pero encierra cuatro conceptos: el secuestro de ciudadanas y ciudadanos inermes, su tortura, su asesinato y la desaparición de sus restos en el fuego, en el mar o en suelo ignoto. El Quijote me abría entonces manantiales de consuelo.

Lo leí por primera vez en mi adolescencia y con placer extremo después de cruzar, no sin esfuerzo, la barrera de las imposiciones escolares. Me acuciaba una pregunta: ¿cómo habrá sido el hombre, don Miguel? Conocía su vida de pobreza y sufrimiento, sus cárceles, su cautiverio en Argel, su Lepanto, los intentos fallidos de mejorar su suerte. Pero él, ¿quién era? Releía el autorretrato que trazó en el prólogo de las Novelas Ejemplares: “Este que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada”, que nada me decía, salvo la mención de sus “alegres ojos”. Comprendí entonces que él era en su escritura. Me interno en ella y aún hoy creo a veces escuchar sus carcajadas cuando acostaba al Caballero de la Triste Figura en el papel. Sólo quien, desde el dolor, ha escrito con verdadero goce puede dar a sus lectores un gozo semejante. Cómico es el rostro de la tragedia cuando se mira a sí misma.

Declaro que, en verdad. quise recorrer ante ustedes, con ustedes, los trabajos de Persiles y Sigismunda, o la locura quebradiza del licenciado Vidriera, o compartir la nueva admiración y la nueva maravilla del coloquio de los perros, o el combate verdaderamente ejemplar entre los poetas malos y los buenos que tiene lugar en “Viaje del Parnaso” y en el que cualquier buen poeta podía caer herido por un pésimo soneto bien arrojado. Pero tal como la lámpara alimentada a querosén que los campesinos de mi país encienden a la noche y alrededor de la cual se sientan a cenar, cuando hay, y luego a leer, cuando hay y cuando hay ganas, y a la que mosquitos y otros seres alados acuden ciegos de luz y la calor los mata, así yo, encandilado por don Alonso Quijano, no puedo sustraerme a su fulgor.

Muchas plumas hondas y brillantes han explorado los rincones del gran libro. Por eso, parafraseando al autor, declaro sin ironía alguna que, con seguridad, este discurso carece de invención, es menguado de estilo, pobre de conceptos, falto de toda erudición y doctrina. Sólo hablo como lector devoto de Cervantes, pero quién puede describir los territorios del asombro. Con mucha suerte y perspicacia, es posible apenas sentarse a la sombra de lo que siempre calla.

Cervantes se instala en un supuesto pasado de nobleza e hidalguía para criticar las injusticias de su época, que son las mismas de hoy: la pobreza, la opresión, la corrupción arriba y la impotencia abajo, la imposibilidad de mejorar los tiempos de penuria que Hölderlin nombró. Se burla de ese intento de cambio y se burla de esa burla porque sabe que jamás será posible terminar con la utopía, recortar la capacidad de sueño y de deseo de los seres humanos. Cervantes inventó la primera novela moderna, que contiene y es madre de todas las novedades posteriores, de Kafka a Joyce. Y cuando en pleno siglo XX Michel Foucault encuentra en Raymond Roussel las características de la novela moderna, éstas: “el espacio, el vacío, la muerte, la transgresión, la distancia, el delirio, el doble, la locura, el simulacro, la fractura del sujeto”, uno se pregunta ¿qué? ¿No existe todo eso, y más, en la escritura de Cervantes?

Su modernidad no se limita a un singular universo literario. La más humana es un espejo en el que podemos aún mirarnos sin deformaciones en este siglo XXI. Dice Don Quijote: “Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artillería a cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica invención, con la cual dio causa que un infame y cobarde brazo quite la vida a un valeroso caballero, y que sin saber cómo o por dónde, en la mitad del coraje y brío que enciende y anima a los valientes pechos, llega una desmandada bala (disparada de quien quizá huyó y se espantó del resplandor que hizo el fuego al disparar la maldita máquina) y corta y acaba en un instante los pensamientos y la vida de quien la merecía gozar luengos siglos”.

Desde el lugar de presunto caballero andante quejoso de que las armas de fuego hayan sustituido a las espadas, y que una bala lejana torne inútil el combate cuerpo a cuerpo, Don Quijote destaca un hecho que ha modificado por completo la concepción de la muerte en Occidente: es la aparición de la muerte a distancia, cada vez más segura para el que mata, cada vez más terrible para el que muere. Pasaron al olvido las ceremonias públicas y organizadas que presidía el mismo agonizante en su lecho: la despedida de los familiares, los amigos, los vecinos, el dictado del testamento ante los deudos. La muerte hospitalizada llega hoy con un cortejo de silencios y mentiras.

Y qué decir de los 200.000 civiles de Hiroshima que el coronel Paul Tibbets aniquiló desde la altura apretando un simple botón. Piloteaba un aparato que bautizó con el nombre de su madre, arrojó la bomba atómica y después durmió tranquilo todas las noches, dijo. Pocos conocen el nombre de las víctimas cuya vida el coronel había segado. La muerte se ha vuelto anónima y hay algo peor: hoy mismo centenares de miles de seres humanos son privados de la muerte propia. Así se da en Irak.

Creo, sin embargo, como el historiador y filósofo Juan Carlos Rodríguez, que el Quijote es una gran novela de amor. Del amor imposible. En el amor se da lo que no se tiene y se recibe lo que no se da y ahí está la presencia del ser amado nunca visto, el amor a un mundo más humano nunca visto y torpemente entrevisto, el amor a una mujer que no es y a una justicia para todos que no es. Son amores diferentes pero se juntan en un haz de fuego. ¿Y acaso no quisimos hacer quijotadas en alguna ocasión, ayudar a los flacos y menesterosos? ¿Luchando contra molinos de aspas de acero, que ya no de madera? ¿Despanzurrando odres de vino en vez de enfrentar a los dueños del dolor ajeno? ¿“En este valle de lágrimas, en este mal mundo que tenemos –dice Sancho–, donde apenas se halla cosa que esté sin mezcla de maldad, embuste y bellaquería”?

He celebrado hace dos años, con ocasión de la entrega del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, mi llegada a una España que no acepta las aventuras bélicas y que rompe clausuras sociales que hieren la intimidad de las personas. Hoy celebro nuevamente a una España empeñada en rescatar su memoria histórica, único camino para construir una conciencia cívica sólida que abra las puertas al futuro. Ya no vivimos en la Grecia del siglo V antes de Cristo en que los ciudadanos eran obligados a olvidar por decreto. Esa clase de olvido es imposible. Bien lo sabemos en nuestro Cono Sur.

Para San Agustín, la memoria es un santuario vasto, sin límite, en el que se llama a los recuerdos que a uno se le antojan. Pero hay recuerdos que no necesitan ser llamados y siempre están ahí y muestran su rostro sin descanso. Es el rostro de los seres amados que las dictaduras militares desaparecieron. Pesan en el interior de cada familiar, de cada amigo, de cada compañero de trabajo, alimentan preguntas incesantes: ¿cómo murieron? ¿Quiénes lo mataron? ¿Por qué? ¿Dónde están sus restos para recuperarlos y darles un lugar de homenaje y de memoria? ¿Dónde está la verdad, su verdad? La nuestra es la verdad del sufrimiento. La de los asesinos, la cobardía del silencio. Así prolongan la impunidad de sus crímenes y la convierten en impunidad dos veces.

Enterrar a sus muertos es una ley no escrita, dice Antígona, una ley fija siempre, inmutable, que no es una ley de hoy sino una ley eterna que nadie sabe cuándo comenzó a regir. “¡Iba yo a pisotear esas leyes venerables, impuestas por los dioses, ante la antojadiza voluntad de un hombre, fuera el que fuera!”, exclama. Así habla de y con los familiares de desaparecidos bajo las dictaduras militares que devastaron nuestros países. Y los hombres no han logrado aún lo que Medea pedía: curar el infortunio con el canto.

Hay quienes vilipendian este esfuerzo de memoria. Dicen que no hay que remover el pasado, que no hay que tener ojos en la nuca, que hay que mirar hacia adelante y no encarnizarse en reabrir viejas heridas. Están perfectamente equivocados. Las heridas aún no están cerradas. Laten en el subsuelo de la sociedad como un cáncer sin sosiego. Su único tratamiento es la verdad. Y luego, la justicia. Sólo así es posible el olvido verdadero. La memoria es memoria si es presente y así como Don Quijote limpiaba sus armas, hay que limpiar el pasado para que entre en su pasado. Y sospecho que no pocos de quienes preconizan la destitución del pasado en general, en realidad quieren la destitución de su pasado en particular.

Pero volviendo a algunos párrafos atrás: hay tanto que decir de Cervantes, de este hombre tan fuera del uso de los otros. De sus neologismos, por ejemplo. Salvo él, nadie vio a una persona caminar asnalmente. O llevar en la cabeza un baciyelmo. O bachillear. Don Quijote aprueba la creación de palabras nuevas, porque “esto es enriquecer la lengua, sobre quien tienen poder el vulgo y el uso”. Hace unos años ciertos poetas lanzaron una advertencia en tono casi legislativo: no hay que lastimar al lenguaje, como si éste fuera río coagulado, como si los pueblos no vinieran “lastimándolo” desde que empezaron a nombrar. Cuando Lope dice “siempre mañana y nunca mañanamos” agranda el lenguaje y muestra que el castellano vive, porque sólo no cambian las lenguas que están muertas. La lengua expande el lenguaje para hablar mejor consigo misma.

Esas invenciones laten en las entrañas de la lengua y traen balbuceos y brisas de la infancia como memoria de la palabra que de afuera vino, tocó al infante en su cuna y le abrió una herida que nunca ha de cerrar. Esas palabras nuevas, ¿no son acaso una victoria contra los límites del lenguaje? ¿Acaso el aire no nos sigue hablando? ¿Y el mar, la lluvia, no tienen muchas voces? ¿Cuántas palabras aún desconocidas guardan en sus silencios? Hay millones de espacios sin nombrar y la poesía trabaja y nombra lo que no tiene nombre todavía.

Esto exige que el poeta despeje en sí caminos que no recorrió antes, que desbroce las malezas de su subjetividad, que no escuche el estrépito de la palabra impuesta, que explore los mil rostros que la vivencia abre en la imaginación, que encuentre la expresión que les dé rostro en la escritura. El internarse en sí mismo del poeta es un atrevimiento que lo expone a la intemperie. Aunque bien decía Rilke: “[...] lo que finalmente nos resguarda/es nuestra desprotección”. Ese atrevimiento conduce al poeta a un más adentro de sí que lo trasciende como ser. Es un trascender hacia sí mismo que se dirige a la verdad del corazón y a la verdad del mundo. Marina Tsvetaieva, la gran poeta rusa aniquilada por el estalinismo, recordó alguna vez que el poeta no vive para escribir. Escribe para vivir.

domingo, 2 de marzo de 2008

Bill Evans, "My foolish heart"

Nada que decir. Sólo escuchar y disfrutarlo.